La Gastronomía de Islandia es una cocina caracterizada por la adoración del pescado y de las carnes (especialmente el cordero). Gran parte de los métodos de cocina son tradicionales, pero puede notarse una influencia de la cocina noruega en algunos de sus platos. Uno de los más populares es el Þorramatur.

La cocina islandesa se ha tenido que adaptar al aislamiento del resto del mundo y a las duras condiciones climatológicas del país, por lo que se fundamenta en la necesidad de preservar la carne de cordero y el pescado el máximo tiempo posible, por lo que ahumados, salazones, secados, adobos, marinados e incluso los productos fermentados son la base de su gastronomía.

Aunque los alimentos son de una calidad inmejorable, ya que el pescado es muy fresco y las ovejas y otros animales se crían de forma natural sin hormonas ni ningún otro aditivo, la gastronomía islandesa tiene platos que no son aptos para cualquier estómago, dada la diferencia de sabores y preparación. Es el caso del hákarl, plato consistente en tiburón, que primero se deja fermentar, enterrándolo durante al menos mes y medio, y después se seca, o del hrútspungur, una especie de pastel de testículos de carnero macerados.

Otra de las particularidades de la gastronomía islandesa es la posibilidad de degustar especies no habituales fuera de Islandia, como la ballena (con un aspecto y textura similar a la ternera, y que cumple con estrictas cuotas de captura), el frailecillo o la carne de foca, especies habituales en las aguas islandesas y por lo tanto en su gastronomía, aunque no están exentas de cierta controversia.

La gastronomia local ha mejorado significativamente para el paladar occidental desde principios de los 80, cuando la cerveza era ilegal y las sopas en lata completaban una dieta basada en dosis diarias de cordero o pescado. Hoy día la oferta es muy variada e interesante, y se combinan las técnicas tradicionales con variantes más aptas para todos los estómagos.

Una vez al año, durante el Þorrablót, fiesta islandesa que coincide con los meses de enero y febrero, se come el Þorramatur, una comida muy típica que consiste en una recopilación de platos tradicionales. Algunos de ellos son el Svið, cabeza de cordero cocida, el Harðfiskur, pescado seco, Súrmatur, un plato de carne, Rófustappa, puré de nabo, Lifrarpylsa, embutido de hígado de oveja, Síld, pescado marinado y el Rúgbrauð, un pan característico de centeno.

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La bebida alcohólica nacional es el Brennivín, licor de pulpa de patata, aunque también gozan de gran fama las cervezas. La venta de alcohol en Islandia está muy limitada, sometida a un estricto control por parte del gobierno y fuertemente gravada por impuestos, por lo que resulta bastante cara. Sólo es posible adquirirlo (salvo cervezas de baja graduación) en tiendas estatales especializadas denominadas “Vinbuð” (y por supuesto en bares y restaurantes), dentro de un horario concreto que no incluye los fines de semana.

Un producto muy común en las casas islandesas es el Skyr, producto lácteo con un sabor algo parecido al del queso y que se emplea para consumir directamente, pero también para cocinar.

 

 

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